art€
April 10th, 2007
Otra de las cosas que pude ver por Madrid fue museos. En realidad solo pude entrar a dos, ya que el Museo del Prado estaba cerrado por tratarse del Viernes Santo, fueron el Thyssen y el Reina Sofía. No voy ha hablar de arte lógicamente, tema del que apenas tengo idea. Pero algo que siempre pienso cuando visito un museo ha venido a mi mente esta mañana. Os cuento.
La secuencia al entrar a las pinacotecas es siempre la misma. Entro al museo, comienzo a ver los primeros cuadros. Me paro frente a cada uno de ellos. Los contemplo independientemente. Intento comprender que es lo que la imagen refleja. Adentrarme en cada uno de ellos. Veo quien es el autor, su época, intento imaginar el contexto. Entonces… Me doy cuenta de que no tengo ni puta idea, ni del contexto, ni del autor, ni de que cojones quiere decir eso y mucho menos en donde coño está el merito. Y lo peor de todo, ¿De que narices habla la gente que se arremolina frente a los cuadros a los que yo menos sentido veo? Siempre pienso que hay tres opciones posibles:
a) Yo soy muy tonto y no soy capaz de entender nada de esto. Ese tio con esas pintas de freaky está soltando un discurso a sus acompañantes sobre el significado del cuadro y yo solo veo un punto negro en medio de un lienzo blanco…b) Son todos muy listos. Que sensibilidad artística tiene la gente. Realmente admirable.
c) Se pasan de listos. Igual que yo no tienen ni puta idea de que quiere decir esto pero todos hacen ver que si.
Al final acabo mi visita viendo los cuadros de lejos, lo más rápido posible para irme y sin mirar ni quien es el autor. No falla, siempre hago lo mismo. Lo malo es que pensaba que yo era el único incapaz de ver el arte. Pero me he dado cuenta de que no.
La cosa es que el prestigioso (eso dicen) y lo que es más importante prodigio del violín Joshua Bell ha ofrecido un magistral concierto en el metro de Washington. Mientras la gente más pudiente te disputa las caras entradas para sus recitales privados, en el metro apenas a despertado el interés de nadie. Solo siete personas se detuvieron ante el joven que tocaba obras de Bach en un Stradivarius de 3,5 millones de euros. Su recaudación apenas alcanzo los 25 dólares.
A este experimento se le pueden poner varias objeciones. Por ejemplo, no está echa la miel para la boca del asno (la gente que usa el transporte público no tiene inquietudes intelectuales tan sutiles) o que a esas horas (7:35 de la mañana) no te paras a ver un concierto de violín aunque sea Vanessa Mae en pelotas .
En cualquier caso, estoy seguro de que esa misma gente que no se detuvo y aprecio el arte, en otro contexto si habría mostrado su admiración por el artista. Por tanto, creo que el arte y la capacidad de juzgarlo es del todo influida por aspectos externos y que todos aquellos que como yo que visitan un museo y reflexionan retóricamente ante un cuadro del todo incomprensible no hacen sino que teatralizar lo que el entorno los impulsa a pensar, que están ante algo que merece admiración.
Para muestra un botón. Un programa de televisión cuelga en ARCO un cuadro hecho por niños. ¿Cual será la reacción de la gente ante esta obra de arte? Os lo podéis imaginar.
Yo seguiré pensando lo mismo que decía un personaje de la película El Gran Halcón mientras señalaba a su cuadro de los perros jugando al poker “No entiedo de arte pero se lo que me gusta”.

















Lo que esta claro es q: 1) o un concierto de un buen artista callejero vale miles de euros o 2) un concierto de la orquesta sinfonica de Boston vale 24 euros.
Yo como dijo el bueno de jauregi: No entiendo de arte pero sé lo que me gusta. Y añado: y sé lo que estoy dispuesto a pagar.
Mas info sobre la anecdota:
http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2007/04/04/AR2007040401721.html?hpid=topnews